
En el Pont-Neuff
Nos encontrábamos en el Pont-Neuf, (un nombre que nunca olvidare), después de salir de hacer una última compra para mi hija en la orilla opuesta del sena, con la intención de tomar el bateau bus, mas concretamente el denominado Les Vedettes du Pont-Neuf, para realizar la última excursión de este agradable viaje.
Plano de la Excursión
Después de hacer algunas fotos en las inmediaciones del puente, mi padre y Alfonso, se dirigieron por una angosta escalera hacia el acceso al muelle de embarque de las mencionadas embarcaciones. Insistiré en lo de angosto, porque el acceso es así, con una buena pendiente de escaleras pequeñas que dan a un arco. Cruzando el mismo nos encontramos con que hay otra escalinata mucho más ancha pero que no tiene pasamanos ni nada a lo que agarrarse. Me imagino que cuando un gran grupo llega a este lugar, por ejemplo en un autobús, y comienza a descender hacia el muelle, por este acceso, tiene que haber mas de un susto.
Como digo mientras Javi y yo nos quedábamos mas atrás haciendo algunas fotos, escuchamos unas voces que venían de la parte baja del puente, osea de las escaleras que dan al embarcadero. Nos acercamos hasta allí pensando que Alfonso estaba con alguna de sus bromas riéndose con alguna persona relacionada con el barco. Pero la cruda realidad era muy distinta. Nos lo encontramos tumbado en las escaleras, retorciéndose de dolor. Se había torcido el tobillo al comenzar a bajar la escalera, por culpa de un resbalón, y por el dolor y sus quejas enseguida percibí, que el tema era muy serio.
Acostumbrado como esta uno ya, a tomar decisiones en 2 segundos, me acerqué a Alfonso y traté de calmarle mientras pedía ayuda. La persona que atendía la taquilla de los billetes para el barco entendió enseguida mi petición y avisó rápidamente a los bomberos. Ellas misma nos confirmó al poco rato, que estaban de camino.
Mientras mi amigo se retorcía de dolor, me decía que tenía la pierna rota, porque había escuchado perfectamente el ruido que hace el hueso al romperse. Yo sin embargo trataba de que hablara de otras cosas, de que se tranquilizara y se colocara de la manera más cómoda posible, y no era nada fácil porque estábamos en una escalera en la que no cabía un culo, en aquel escalón tan pequeño. La escalera resbaladiza y peligrosa, es una trampa. Al poco rato una mujer que desciende por la misma, se despista al mirarnos con curiosidad y tras resbalar cae también de culo, sin que esta vez y afortunadamente si hiciera daño. (La pobre mujer se llevó un susto tremendo).
Yo hacía mi trabajo, tratando de tranquilizar a Alfonso, con el objetivo de que no perdiera la consciencia (a punto estuvo), en un momento dado, se puso blanco como la cal. Podíamos oír a lo lejos las sirenas de la ambulancia (suponía yo, que se trataba de “nuestra ambulancia”). Cuando estábamos en plena conversación pidiendo al herido que respirara tranquilo y no dejara de hablarme, tres bomberos hicieron acto de presencia, desde el embarcadero, ya que la policía fluvial, les había traído en una embarcación fueraborda.
Tiempo récord, menos de 4 minutos de reloj, ¡eso si muy muy largos, para los que estábamos esperando ayuda! Sobre todo para Javier y mi padre, que parecían dos padres primerizos en las puertas de un paritorio. No dieron vueltas a penas por el muelle… Creo que dejaron un surco.
Los bomberos evaluaron rápidamente la lesión con lo que les íbamos contando y al abrir el pantalón con la tijera, pudimos ver que efectivamente había una rotura que había producido un fuerte derrame interno, por lo menos a la altura de la parte baja de la tibia.
Tras colocar a Alfonso, la correspondiente férula que nos la proporciono el resto del equipo de bomberos, que había llegado por carretera en una ambulancia, bajamos a Alfonso desde las escaleras, hasta el muelle para sentarlo en una silla en un lugar más apropiado y poder trasladarlo a la ambulancia que estaba estacionada en el Pont-Neuf (que ya os digo que no se me va a olvidar el nombre), para lo que tuvimos que volver a subirlo hasta la parte alta del puente.
Allí, una vez dentro de vehículo, tuve que tragarme uno de los mayores sapos de los últimos tiempos y dejar a mi amigo solo mientras lo evacuaban a un hospital que no teníamos ni idea de donde estaba. ¡Un momento inolvidable, y una despedida dolorosa!
¡¡Eso si, poniendo cara de – “tu tranquilo, que aquí no pasa nada, y nos vemos dentro de un rato”!!
Alfonso y yo habíamos organizado ya todo mientras llegaban los bomberos. Los billetes del metro, los billetes del avión, las llaves de la consigna para las maletas y el contacto con el taxista que nos tenía que recoger. Ahora estaba yo al cargo de la expedición, con mi facilidad con el francés y en la capital de la república, sin mi amigo, sin mi documentación y con un marrón de los que hacen historia.
Enseguida nos pusimos en marcha hacia el hotel, para recoger todo lo necesario, gestionar el taxi para el aeropuerto que ya teníamos apalabrado y poder embarcar la maleta de Alfonso, porque ya sabíamos que se tenía que quedar ingresado para ser operado al día siguiente. El “supuesto” esguince, en realidad eran dos roturas en la tibia que requerían de una buena intervención quirúrgica.
El viaje en taxi fue agradable dentro del disgusto general. El conductor hablaba bastante bien español y eso me facilitó mucho las cosas. Pero el tráfico nos retrasó bastante la llegada a la terminal y cuando llegamos nosotros, todo el mundo había embarcado ya.
Empezaban el estrés y los problemas. ¡Explica en francés que eramos cuatro, que el cuarto componente esta herido en un hospital y que tenemos que llevarnos su maleta a casa, pero que la facturación de equipajes ya está cerrada. ¡¿Que puedo hacer?¡ En un perfecto y ultrarrapido francés, la azafata, me dice ( o eso creo), que tengo que ir a otra ventanilla, facturar, pagar las tasas, y volver con la maleta, pero que lo haga “vite”, “muy vite”, porque todo el mundo me está esperando en el avión.
Después de este asalto 50€ la broma, y dos carreras patinando por el “airport”, me dirijo a pasar por el arco… Pita, y me quito el cinturón, pita y me quito los zapatos, pita y me quito unos auriculares…. (que por cierto se quedaron allí)… Objetivo logrado, la maleta de mi amigo ha pasado aunque la tengo que abrir, porque hay un aparato de respiración para las apneas de mi amigo Alfonso. Afortunadamente no me piden la factura de la misma (lo suelen hacer), con un cinturón sin poner, el abrigo, la bufanda la documentación de la maleta la maleta, mi documentación y mi billete y la sobrecargo de la compañía Easy Jet, tocándome los cojones cada segundo y medio, llego a la carrera al puesto de control. Otra vez tengo que enseñar todo. ¿Se llevan la maleta por fin? No, ahora queda comprobar mi billete y mi documentación. Que consiste en el carnet profesional y el justificante policial de la perdida de la documentación unos días antes en Irun.
La azafata no traga. Dice que DNI o Pasaporte. Le indico que la policía del aeropuerto de Biarritz conoce mi caso y me dejaron embarcar el jueves sin problemas hacia París. Estoy perfectamente identificado. Finalmente la sobrecargo de Easy Jet, me da la razón y puedo embarcar, dejar la maleta de Alfonso, para que la bajen a la bodega y yo voy a sentarme donde puedo, aunque sea en el suelo. La gente me mira con cara rara… Parece que muchos ya se han enterado de lo que nos ha pasado, ya que hay un amigo de mi padre, viaja en el mismo vuelo y lo han comentado ya….
¡Vaya parece que no me van a morder por llegar el último!
Por fin me siento, la señora que está a mi lado me ruega que le deje en el asiento del pasillo porque padece de claustrofobia, con lo cual le cedo mi asiento, y aprovecho para invitar a su marido a que ocupe el del centro para que estén juntos. Hablar en francés cada vez se me da mejor… Yo me coloco en la ventanilla.
Cuando trato de ponerme cómodo, para escuchar un poco de música y relajarme, descubro que he dejado mis auriculares en el control… ¡¡Mierda!! Unos auriculares excelentes con control remoto con una calidad estupenda. Malditas prisas y malditos nervios.
Ahora solo me quedaba poder leer algo, que es lo que traté de hacer, pero mis pensamientos se iban hacia mi amigo, ciego de dolor, en un Hospital de París, … “solo, fané y descangallado”, como dice la letra de un tango.
Y yo allí volando sin poder hacer nada. Un viaje de regreso muy duro. Tratando de razonar fríamente, lo que el corazón caliente te dice que puedes hacer y no estás haciendo. Asoma alguna “lagrimilla”, pero nadie se da cuenta…
Finalmente la cordura siempre lleva a un mejor resultado. Creo que hemos hecho lo que hemos podido. Hemos cumplido con el objetivo de llegar. Y nuestro amigo no ha podido caer (nunca mejor dicho), en mejores manos.
Afortunadamente hoy ya está en su casa. Con sus dolores, sus molestias y su inflamación, pero con la tranquilidad de estar “goxo, goxo”, (como le gusta decir a el), en casa rodeado de sus chicas, y de sus amigos, que de vez en cuando vamos a dar el coñazo, para que no se aburra.
Quizá tenga que ponerle bola a mi moto, para poder arrastrar el carrillo de ruedas de Alfonso, en cuanto nos pasen la ITV, montamos en el artilugio.
Vamos a tomarlo con humor, porque así vamos saliendo para adelante en esta cuadrilla, de las distintas pruebas que nos manda el “Señor”, (o alguien, no se muy bien quien), de momento no pueden con nosotros. Sabemos nadar entre tiburones y salir de París después de una movida de estas.
¡¡Ahí queda eso para la historia!! El próximo viaje hay que hacerlo con miembros de la Cruz Roja… Por si acaso…
Un saludo a todos y bienvenido Alfonso, aquí me tienes para continuar escribiendo tus aventuras, ¡Que no son moco de pavo!
Bueno para escribir o para lo que tu estimes oportuno, ¡mon petit cochon!
Txomi.Matik